educación cachorro de perro

La mayoría de nuevos propietarios que adoptan o compran un perro tienen la idea preconcebida de que un cachorro con dos meses de edad es todavía joven para que aprenda y para marcarle pautas de comportamiento. Estamos ante un gran error, ya que el espacio de tiempo donde aprenden con más facilidad se encuentra entre las tres y las doce semanas de vida. Desde el momento en que el cachorro llega a casa tenemos que ponernos manos a la obra para convertir ese ser tan pequeñito e indefenso en un buen amigo, respetuoso, educado, equilibrado y fiel, y eso dependerá únicamente del esfuerzo y la voluntad de su nueva familia, es decir, de cada uno de nosotros.

Normas básicas de conducta social para el cachorro

Durante esta primera etapa de su vida el perro deberá aprender normas básicas de conducta social, adquirir unos hábitos higiénicos correctos y acostumbrarse a estímulos ambientales. Por lo que será importante que se relacione con personas adultas, niños, perros, gatos, ambiente urbano con sus ruidos y que explore y aprenda a reconocer todo ello como algo positivo, así no cogerá miedo en un futuro. Todo aquello que durante este corto espacio de tiempo no haya descubierto el cachorro, será motivo de inestabilidad e inseguridad el día de mañana.

Todos los miembros de la familia deben implicarse en la educación, siendo coherentes, constantes y pacientes. No es posible que el perro tenga unas normas distintas con cada miembro y que según quien esté a su lado se le permita o no realizar determinadas acciones, como subir al sofá. Sin saberlo se está perjudicando al cachorro, ya que no entiende qué puede o no puede hacer, por lo que siempre estará ansioso por conseguir su propósito. Si desde el principio que intenta hacer algo se le corrige, no vuelve a intentarlo. Si por el contrario se le permite alguna vez, intentará repetirlo incansablemente durante el resto de su vida, lo cual resulta pesado para la mayoría de los propietarios y empeora gravemente la convivencia familiar.

Utilizaremos la palabra “NO”, con un tono firme y grave para interrumpir comportamientos naturales del cachorro que queremos evitar, como por ejemplo que entre a las habitaciones o se orine por la casa. Es importante resaltar que hay que decir “No” sólo y justo cuando el perro esté realizando la acción, para que relacione el estímulo con algo negativo,  no una vez ya lo haya hecho, porque si no le crearemos confusión.

Es fundamental evitar que el cachorro juegue y muerda enseres de la casa, la ropa o nuestras manos y pies. Debe tener su espacio con sus juguetes e incluso guardar alguno masticable o interactivo para dárselo únicamente cuando se quede solo en casa, ya que así se entretiene y relacionará la soledad con un estímulo positivo como es el juego y la comida, evitando así en un futuro problemas como la ansiedad por separación.

Es de vital importancia crear una rutina de comida y de paseos para que se vaya acostumbrando a hacer sus necesidades en la calle y lo premiaremos efusivamente cuando orine o defeque. Poco a poco irá aprendiendo y el esfuerzo realizado será muy gratificante.

También hay que enseñarle a aprender su nombre, acudir a nuestra llamada, obedecer normas  como sentarse o tumbarse etc y estimularlo psicológicamente escondiéndole premios para trabajar su olfato o enseñándole algunos trucos como “hacerse el muerto o bailar”.

El ejercicio diario es muy importante para el desgaste físico pero no es suficiente sólo con eso,  una cosa no sustituye a la otra, hay que estimular conjunta y globalmente a nuestro mejor amigo para que se convierta en un perro feliz y nosotros en unos dueños satisfechos y orgullosos.

Desde aquí os animamos a educar e interactuar con vuestro nuevo compañero desde el primer día que pise su nuevo hogar, ya que unos meses de esfuerzo y paciencia darán como resultado años de paz, tranquilidad, armonía y felicidad.

La educación del cachorro